17/3/18

La Puerta y el carpintero

En los últimos días nos ha llegado una historia que creo que merece la pena que compartamos con todos ustedes. Va de como hacer que algo que debería haber sido sencillo, rápido, limpio y barato se convierta en algo carísimo, pesado, lioso y con consecuencias. Es la historia de "La Puerta y el carpintero".

En una localidad de la Costa da Morte (A Coruña), la propietaria de un negocio (pongamos que es una tienda de ropa) llega el lunes a su negocio y se encuentra una desagradable sorpresa. El fin de semana alguien ha "jugueteado" con la cerradura de su negocio y ahora es incapaz de abrir con su llave. Tras intentarlo varias veces desiste y decide llamar a un amigo que la dirige a otro y este a otro... hasta que termina por llamar a su amigo "el carpintero".

Nuestro héroe no es un carpintero de puertas y ventanas. Es un especialista y ebanista, que se dedica a fabricar muebles y que, si bien conoce las herramientas y los mecanismos, no tiene demasiados conocimientos sobre cerrajería. El carpintero acepta el encargo porque es vecino y conoce a los padres de la chica y se planta ante la puerta. Pero tras unos minutos intentando abrir con la llave de la chica, decide que no tiene paciencia para más y comienza con la "fuerza bruta". Así que armado con su potente taladro inicia las hostilidades agujereando el bombillo. Sin embargo, y sin que se sepa muy bien porqué, la puerta sigue sin ceder.

Llegados a este punto es bueno comentar que la puerta en cuestión no es de madera, un material que nuestro amigo conoce y trabaja, si no de aluminio. Además, la chica ha informado a nuestro protagonista de que es un puerta "especial", con "tres puntos de cierre" que en su experta opinión de dependienta de tienda de ropa "es muy difícil de abrir".
Sabido esto, el carpintero decide empezar a agujerear sin ton ni son a la altura del bulón de cierre primero y luego más arriba y abajo, donde supone que se encuentran los otros bulones. A estas alturas la puerta parece ya un queso groullere, pero sigue sin querer abrirse.

Así que, dado que la mañana casi se ha perdido y que el bueno del carpintero comienza a acusar el desgaste, este decide que no hay puerta que no resista a su herramienta y, tirando de amoladora, comienza a cortar de arriba abajo, con el consiguiente escándalo entre vecinos y viandantes que comienzan a preguntarse si todo este despliegue no será excesivo. Tras otros 40 minutos de cortes, ruidos, chispas y bastante sudor, la puerta, finalmente, cede. Son las 13:15 del mediodía y abrir esta puerta solo ha llevado tres horas y cuarto. Se han roto dos brocas, un par de destornilladores y un disco de amoladora, pero la puerta está abierta.

Ha nadie se le ocurrió que, solo con buscar en Internet, un cerrajero habría acudido al lugar para, muy probablemente, abrir la misma puerta casi sin ruidos y en unos 15 minutos, con el único gasto de sustituir el bombillo averiado por otro. Nadie pensó que, si un cerrajero no hace muebles de cocina ni un electricista fabrica zapatos, lo suyo es que un carpintero no se dedique a abrir puertas. Y nadie pensó que, sin mediar denuncia alguna y dado que nuestro amigo carpintero no está legalmente habilitado para abrir la puerta de ningún negocio (y cobrar por ello) la factura necesaria para que el seguro con el que cuenta el negocio se haga cargo del desastre no puede ser emitida por un carpintero y no será aceptada por la aseguradora. Un coste de más de 500,00€ en una nueva puerta que bien pudo costar 40,00€ soló con que hubiesen llamado a Mi Llave Cerrajeros (por ejemplo).

 Y es que, demasiadas veces, "lo barato sale caro". Que le pregunten a nuestra amiga dependienta y a su amigo el carpintero 😉



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